Jhondy Algenys

Criaturas de pesadillas

No duermen cuando tú duermes.

Te esperan.

No viven bajo la cama,

ni detrás del armario.

Viven en el espacio exacto

entre un pensamiento y otro,

donde la mente se queda sola

consigo misma.

Las criaturas de pesadillas

tienen la forma de lo que negaste.

Se alimentan de cada “estoy bien”

dicho con los dientes apretados.

Crecen con cada herida

que llamaste “exageración”.

No necesitan ojos:

ven a través de tus recuerdos.

No necesitan boca:

hablan con tu propia voz

cuando el silencio pesa demasiado.

Se sientan sobre tu pecho

no para asfixiarte,

sino para obligarte a sentir

el peso exacto

de todo lo que evitaste llorar.

Son la versión de ti

que nunca sanó.

El rastro de decisiones que se pudrieron en secreto.

El eco de un miedo antiguo

que aprendió a llamarse prudencia.

Y cuando intentas huir,

apagar la luz,

distraerte,

rezar,

dormir—

ellas sonríen.

Porque la noche no es su reino.

Tú lo eres.

Las criaturas de pesadillas

no quieren tu sangre.

Quieren tu conciencia.

Quieren que mires fijamente

la grieta que atraviesa tu nombre

y aceptes que siempre estuvo allí.

Y cuando por fin lo haces,

cuando la oscuridad deja de ser excusa

y se convierte en espejo,

descubres lo más terrible:

no eran invasoras.

Eran

la parte de ti

que jamás

dejaste

vivir.