Dos adalides
siempre me acompañaron.
en los difíciles
laberintos de la vida.
Uno franco, inteligente,
benefactor del prójimo,
y andante caballero
en mi niñez.
Fue mi padre.
Otro valiente sincero,
realizador de mis proyectos,
infatigable compañero.
colega en las luchas
por la Justicia.
Fue mi esposo.
Recibí sus legados.
Inmateriales e imperecederos.
Sus legados de Amor.
Hoy recorren otros caminos.
Perdura su estilo
imborrable.
Ellos permanecerán
para siempre.
Pues son
mis dos Adalides.