José Bayón Garcinuño

Piedra pequeña

Las grandes piedras talladas,

perfectamente cortadas,

arrancadas de su principio y esencia,

robadas a la cantera,

son bloques esculpidos

para la nada.

Sin una piedra pequeña

son belleza sin sentido.

Nada se hace espacio

sin ese pequeño canto

nacido de los desechos, 

recuperado y trabajado

en cuatro golpes,

con precisión de diamante

para un espacio y un vacío.

No hay catedral ni hay iglesia,

no hay ni puente ni acueducto,

no hay ni torre ni castillo,

sin la pieza clave que cierra el arco.

 

Algunas veces la pieza necesaria,

la que justifica las horas de trabajo

echadas sobre un puzle incompleto,

la que más deseamos

porque no encontramos,

la que no nos perdonaremos

nunca haber perdido.

Algunas veces es la única

que no viene en nuestra caja.

 

Por eso supongo

que la redención de condena

a nuestra raza humana,

que la llave de abrir el Paraíso,

que la razón de que tengamos

cuerpo y alma,

que lo único que justifica

nuestra mala cabeza,

que la medicina a todo lo nuestro,

estará escondida en algo pequeño, 

en alguna menudencia

que no encontramos.