Cada noche,
depositamos nuestras cabezas
en la confianza de quien nos guarda un secreto.
Ella es el primer y último testigo de nuestro día.
Es objeto inerte,
participa activamente
en el diálogo que tenemos
con nosotros mismos.
Actúa como interfaz física
entre nuestra psiquis
y el mundo onírico.
La absorción de olores y temperatura
la convierte en uno mismo.
Ella influye en cómo
procesamos la realidad;
en cómo nos comportamos con los demás.
Es un receptáculo para las ideas,
para resolver problemas;
elimina los ruidos ensordecedores.
Con la suave presión de la mejilla en ella
le damos permiso para que escuche
nuestros pecados y preocupaciones.
Es una asimilación nocturna crucial,
donde el inconsciente nos libera
de la rigidez diurna.
Experta en el entrecruce de información,
genera soluciones al despertar la aurora
con su normal claridad repentina.
Colaboradora silenciosa
de nuestras decisiones,
nos ayuda a desenredar
nudos emocionales
con perspectivas renovadas.
Nuestra almohada será dura
ante nuestra rigidez mental;
será blanda y emplumada
cuando nos liberemos
de conflictos y preocupaciones.
29-02-2026
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