Un parque bañado en bondad,
de calma total y murmullos;
donde las risas son ecos lejanos
que no rompen mis propios orgullos.
Sentado a solas en un viejo tronco,
reposo el peso de mil pensamientos;
las angustias se vuelven ceniza
cuando las suelto a favor de los vientos.
Cierro los ojos, aprendo a escuchar,
la voz interior que el ruido calló;
entre el canto de aves y el aire al soñar,
un futuro perfecto al fin se trazó.
No es el destino quien marca el camino,
ni el azar quien toma la última acción;
el mañana es un lienzo divino
que solo dibuja tu propia decisión.