Haz Ámbar

Confesión de mi hundimiento

No me escuches irme al fondo.

No me sientas mi trastorno,

tal vez que mi invención son todos los monstruos.

Tal vez que hoy me recompongo

del desorden que hay en mi interior

tan pronto sin que yo apenas mueva un dedo.

Soporto todo agobio como mismo sé que puedo.

Tiempo para hacerlo aún tendré más luego.

 

Descubierto que he mi cuerpo del incierto prisionero

como solo yo ahora llego a verlo abierto

en completo su misterio, universo muy pequeño

que a veces por desprecio trato como un juego.

No hay más hondo aquí agujero 

que el que creo con mi miedo a estas cosas del entorno,

similar con los recuerdos de lugares que abomino

pues ya nunca he estado en ellos bajo el yugo

de un verdugo en cada médico

cuyo tratamiento con drogas lo combino.

 

Vierto el hálito divino (todo encanto me es ajeno)

y vivo sin siquiera un mínimo descanso,

extranjero en cada cuarto a cuanto entro

por mi trono yo ocuparlo oportuno este momento.