No busco mareas infinitas,
ni tormentas de agua desbordada,
solo el pequeño reflejo
de tu esencia quieta,
un remanso en tu piel,
un sorbo de tu mirada.
Porque a veces,
la inmensidad no sacia,
y basta una gota tuya
para ahogar todas mis dudas,
para inundar mi deseo
y convertirme en eterno navegante
de tu mínima,
pero infinita,
profundidad.