No es un cuento de adas, es un fuego en las venas,
un temblor en el pulso que me arranca las cadenas.
Es poner mi mano en tu vientre y sentir la estampida,
el golpe sordo y salvaje del triunfo de la vida.
Allá afuera el mundo muerde, y la calle no da tregua,
pero en ese tambor que late, todo mi cansancio se repliega.
Tengo el instinto despierto para ser escudo y fiera,
y esta sangre en camino me hace intocable allá afuera.
La ilusión no es un rezo, es la adrenalina que me hierve,
es la garra de quien ama y por los suyos no se pierde.
Es mirarte a los ojos con la esperanza a flor de piel, y jurar que por ustedes, muerdo el barro