No me maldigas…
si yo aprendí tu nombre como un rezo,
si pronuncié tu piel en cada amanecer;
Fuiste la luz temblando entre mis dedos,
la única verdad que supe sostener.
No me condenes
si me quedé desnudo ante tus miedos,
si abrí mi pecho sin saber fingir;
Todo lo que era mío fue tu cielo,
todo lo que soy lo puse para ti.
Tal vez el tiempo nos volvió distantes,
tal vez el orgullo habló por los dos;
pero no manches con palabras frías
lo que fue fuego… lo que fue Dios.
Si amar profundo fue mi desvarío,
si amarte libre fue mi perdición,
que me sentencien por exceso de cariño,
pero no niegues que hubo amor.
¿Por qué me maldices si sólo te he amado?
¿Por qué me hiere si nunca he fallado?
Si fui tu abrigo cuando hubo frío en tu interior,
no cambies la historia… no niegues nuestro amor.
Sebastian C.