Israel Rocafuerte

El ángel caído, la lágrima de Lucifer

Como Lucifer, yo también caí,
no del cielo…
sino de tus brazos.

Fui un ángel imperfecto,
con errores, con miedo,
pero amaba de verdad.
Amaba sin medida,
sin reservas,
sin pensar en mi propia caída.

Y un día la luz se apagó.

Tus palabras fueron el destierro,
tu silencio, mi infierno.
El que solo sabía amar
aprendió a endurecer el alma.

Ahora soy frío.
No porque no sienta,
sino porque sentir me destruyó.

Ya no creo en el amor,
ni en promesas,
ni en futuros compartidos.
Si algún día vuelvo a enamorarme,
será con alas rotas
y el corazón blindado.

Porque el ángel que fui murió contigo,
y lo único que queda
es esta lágrima amarga,
como la de Lucifer,
cuando entendió
que amar demasiado
también es una forma de condena.