Hasta hoy (podría ser ayer)
no me he dado cuenta,
de mi paso por esta vida.
Hasta hoy (podría ser mañana)
no me he dado cuenta
de lo insignificante que soy,
de lo vulgar que soy,
de lo raro que soy.
Hasta hoy, la vida vuela
delante de mis narices.
Se escapa como el agua,
se cuela entre los dedos,
y como la brisa, roza mi cara.
La sientes imperceptible,
la dejas pasar y la olvidas.
Hasta hoy, todos esos colores
que creo haber visto en mi vida
están macilentos,
no los he disfrutado.
Hasta hoy, -incluso así-, he tenido suerte
en las etapas de mi vida
por convicción o por empuje,
quemando unas,
malviviendo otras
y ahora me hallo
con menos ilusión y sin rumbo.
Hasta hoy, como el Big Bang
echo mis tripas,
salpico todo, me expando
a no sé qué lugar
rodeado de poca gente.
Me queda un teclado,
nada de lápiz,
suena música variada
aunque mayormente reggae
y releo un libro de poemas
de K.* para sostenerme.
Hasta hoy, todo ha sido rápido.
A partir de hoy va a ser difícil.
© Juan Andrés Silvente López