Mari.o

VIOLETA DEL ESTÍO

Siento en mi corazón. Yo siento en mi corazón. ¡Sí! Yo siento en mi corazón que algo resplandece. Como las aguas tranquilas mecidas por el amanecer: quieta espiga acariciada como al cristal que se ilumina. 

 

VIOLETA DEL ESTÍO

Sueño arpas y violines, y entre demasiadas

arpas y violines que sueño: las aves 

 

a veces como flamingos

otras veces como gaviotas.

Luego como palomos

o tan solo golondrinas. 

 

Las miro agrupadas, descansandose 

en los tendederos de mi barrio,  y yo, 

desde mi forja puedo leerlas como partituras. Dulces notas. Quizá algo así, como escuchar la sinfonía de las estrellas y su retahíla. 

(...) 

 

Y de repente, un chupamirto que se posa

ante mi mirada (frente a frente) como queriendo extraer la miel de mi asombro.

Entre tanto, no lo sé, tal vez mi rostro estaba

profusamente ilustrado de flores violetas. 

¡Sí! ¡Violetas! De esas que gustan tanto a estos pequeños amigos, que su único mensaje es: reconciliación y amistad. 

(...) 

 

Todo es tan violeta. 

De un silencio violeta.

De una muerte violeta. 

 

Tan violeta que ya no necesita 

que el otro sea su reflejo, 

sino su armonía.