Marcos Reyes Fuentes

Una Caminata Bajo la Lluvia

Le Pedí una señal al cielo,

una palabra, un motivo,

y el destino, siempre esquivo,

me regaló tu consuelo.

Sin buscarlo, sin recelo,

salimos de aquel recinto,

caminamos sin instinto

que pudiera separarnos,

y empecé a maravillarnos

de este inesperado paso.

 

II

Tu amabilidad todo lo hizo,

lo sé bien, no me confundo,

pero en este hermoso mundo

tu presencia me electriza.

Y aunque el alma se me eriza

de pensar que fue un favor,

me encontré con el calor

de tu risa y tu mirada,

y en el agua derramada

se ahogó cualquier temor.

 

III

La lluvia nos cobijaba

en su manto de cristal,

y en un ritual celestial

tu mirada de pronto hablaba.

La creación se asomaba

Con el brillo de tus ojos,

y entre dicha y sus antojos,

yo metido en ese cielo,

descubrí que mi desvelo

se vestía de sonrojos.

 

IV

Hablé, hablé sin parar,

temí haberte aburrido,

pero vi en ti el latido

de quien sí sabe escuchar.

Te vi reír y soñar

mientras el agua caía,

y en esa melancolía

de la noche, noche mía,

supe que no era nada,

sino pura poesía.

 

V

Y allí estábamos los dos,

bajo el agua, en la vereda,

una historia que se queda

escrita por propia voz.

No fue un sueño, por Dios,

fue un instante verdadero,

donde el mundo fue ligero

y el tiempo todo ahí se detenía.

¿Qué más pedir si ya había?

Dios, la Lluvia, la noche… y  tu hermosa compañía