Joa Quin

ECOS DE UN VERANO

Ya es el ocaso de enero

Como si supiera que algo se terminó, sopla el viento

la leve brisa acaricia las ramas del sauzal/como el tiempo acaricia antes de irse.

Fiel a la ley de gravedad,

se desvanecen, suicidándose en cámara lenta, 

poco a poco las primeras hojas, amarillentas

caen como los días de mi vasta cronología

como si morir fuera una vieja costumbre

se enroscan, como cuerpos que se rinden
como cartas de amor que uno guarda en una caja

sin atreverse a romper

pero sabiendo que no las va a volver a leer

se amontonan sobre mi canoa,

quietas/sin hacer ruido/sin pedir perdón.


El invierno está a un abrir y cerrar de ojos,
el invierno no avisa/llega/como la muerte.

Pienso en el paso del tiempo

no en el que marcan los agujas
en el otro, ese que te marca a vos
el que te parte, qué que te pone viejo,
algo triste, algo cobarde

el que te hace patinar, en el barro de los recuerdos

ese que pasa por el cuerpo y te deja solo
a mitad de algo que nunca empieza del todo.

El tiempo, esa invención sucesiva, que como el río no vuelve jamás.
¿Será el tiempo un río que uno jamás podrá cruzar?



Miro el romance silente 

entre el sauce y el río.
Ese amor que no se ve

pero esta

como las ausencias.
Parecen distantes

hay algo que los amarra sin tocarse.

Se desean sin necesidad
como si supieran que el sentido 

solo existe cuando se comparte la caída.
El sauce se inclina al río

no por necesidad, sino por destino.
No es evidente.

Dudo si se aman o simplemente son dos formas de la misma soledad buscándose.

Sus ramas suspiran por el sudeste
ese viento que sopla con intenciones secretas.
Hay un deseo -críptico, insaciable- de que el viento sople y les permita besarse.

¿Qué será de los sauces que no posan sobre el río?
Aquellos que están en tristes plazas, sin agua, rodeados de cemento

entre meadas de perros y domingos apesadumbrados
¿Cómo se consuelan? ¿Donde mojan sus tristezas? 

Dichosos los que tiene su amante líquido

al menos ellos pueden confundirse con algo que fluye y no petrificarse de tanto esperar.

Pueden mentirse juntos, 

y en esa mentira

hallar algo parecido a la verdad.

Donde en ese espejismo mutuo, corren con la misma suerte.




Pienso si como el sauce, inclino mi espíritu hacia un río invisible.

Ignoro si el agua está allí, o si es solo nostalgia.
Tal vez soy una hoja cayendo en un río que no he visto nunca.

 

Vuelvo a mirar al sauce y al río

como quien mira la felicidad ajena

cómo se mira lo que no se va a tener nunca y tanto se desea

A esta altura, no se si lo hago desde la orilla o ya me deje hundir.

La hierática certeza que poseo es que,

no tengo ni río.
Ni espejismo.

Ni suerte compartida.


Solo esta consciencia 

cruda

rabiosa

asfixiante

que no se calla,

despierta a toda hora
que no me deja descansar

que no me perdona.
Esta consciencia, que como una brasa en invierno, no deja de arder.