Mi alma, puro silencio;
tu esencia, ese gran vacío;
eternamente danzando,
se funden sin previo aviso.
Unidas y entrelazadas,
descubren con regocijo
que nunca existió mi alma,
que tu esencia es solo un mito.
No queda rastro del nombre,
ni el peso de lo perdido;
se borraron las fronteras
en un presente continuo.
Desnuda la luz se expande
sobre el mapa del olvido;
naufraga el último rastro
de lo que fue un espejismo.
Tan solo queda el aliento
de lo que nunca ha nacido;
es el fruto de la nada,
un universo dormido.