Israelma

Grecia

¿Qué haces cuando sales de la jaula y te sientes libre por primera vez? Das una vuelta, te agobias, miras el abismo, vuelves y la cierras.

Mi jaula la construí yo, solo. Me costó poco trabajo, solo dejé ganar algunos instintos viejos dentro de mi y fueron material suficiente para poder construirla, los barrotes son torcidos, oxidados, filosos, capaces de cortar cualquier momento, el espacio está muy mal distribuido, no puedo mantenerme de pie sin estar encorvado todo el tiempo. Por momentos necesito estar de rodillas. Algunas veces se encoje, aprieta y puede dejarme sin aliento.

Pero no siempre existió. Un día llegué y había libertad, no encontré barreras ni límites, reposaba sobre plumas suaves y cálidas. La libertad era tanta y tan hermosa que nunca me creí merecedor de ella. Entonces fue la jaula, la jaula la construí para mi, a justa medida de mi espíritu, pero no de mis expectativas, por eso debía estar encogido, resignado a agachar mi autoestima para que quepa en mis taras carnales.

Muchas veces he encontrado algún espacio por donde salir, y más que simplemente salir, he sido expectorado de la manera más triste. Daba una vuelta, me agobiaba, miraba el abismo, volvía y la cerraba. Creía yo que podía enderezar un poco los barrotes, pese a cortarme las manos para poder levantar el rostro, pero mi lastre logra doblar con más fuerza los barrotes, y me agacho aún más.

Ella consigue que sobreviva en esta jaula, sin ella probablemente ya hubiera muerto estrangulado por mis propios errores, reducido a la mínima expresión de un ser ruin. Una sonrisa suya, una mirada por encima de sus anteojos, sus ojos marrones, su lindo cabello enmarcando su bello rostro, ver mover sus labios cuando me habla, me hace pensar que puedo ser merecedor de un poco más de lo que yo creo para mí. Me da su mano y confía en mí. La jaula se reblandece cuando está ella.

No es raro que yo intente que ella esté siempre. Veo sus ojos a través de los hierros y se vuelven insignificantes, desaparecen, vuelvo a ser libre oyendo su voz.

Su voz, sus palabras. Son lo más preciado y mortal que he encontrado en todos mis años. Puede construirme con solo una risa natural y atropellada, puede hacerme querer conseguir el mundo para entregárselo, puedo robar lo más preciado que se esconda en este mundo material para entregárselo a ella y vea que no es lo suficiente para honrar las emociones que genera en mi. Pero, su voz, su voz puede también destruirme en millones de trocitos, cual arma nuclear, mantendría la paz para siempre en este mundo. Cuando me ordena irme de la jaula, puede hacer que desee la muerte, si fuera esta la ausencia del dolor.

Hoy sueño con construir un palacio de los fierros que hacen mi jaula. Un lindo jardín, con muchas rosas porque a ella le gustan mucho; una enorme cama porque a ella le gusta mucho dormir; una gran cocina porque a ella le gusta comer mucho y ningún reloj para no angustiarme con el tiempo que se va.