Ricardo Castillo.

Lo invisible nos acecha

Pasando uno junto al otro,
y sin advertirnos.

RC.

A veces quiero regresar sobre los pasos dados.

Ver lo que no pude ver porque desvié mi mirada, porque me distraje en el olvido, porque crucé una calle mientras alguien me miraba, o porque tenía sed y no presté atención mientras sorbía el agua de un vaso.

Todos estamos ciegos. Hay una intención que no nos pertenece, que nos invisibiliza, que ciega lo mirado y a quien lo mira. Lo invisible nos acecha.

Volver la vista atrás, esta torsión incierta que me deja el cuello herido.

Mezclarme otra vez con las cosas que se tiñeron de mí sin saberlo, y yo de ellas sin que lo supieran. Pero esta vez con los ojos abiertos.

¿Acaso los tenía cerrados cuando pasé por aquella calle?
¿Quién dice que ahora podré verlo todo?
¿Pretendo estar ajeno a la distracción, a la extrañeza y a la belleza, al ruido de un motor, al grito anónimo que clama escucha?

¡Ah, cuánto desea uno el dulce en el paladar después de resistirlo tanto tiempo! El calor o el frío mientras caminamos por las calles con las manos en los bolsillos, poseyéndolo todo y sin asirlo.

El pasado nos sigue como una sombra.
¿Regresar u olvidar? No es posible.
Solo se poseen los restos mientras caminamos.

Me siento como un árbol de raíces profundas, y sus hojas vuelan en el curso del viento, caen y son devoradas por la tierra misma lejos de sus ramas.

Esta condena de estar plantados como la muerte mientras buscamos la vida.

Allá lejos hay una voz que me llama a un destino que presumo conocer.

Se sirve de mi lengua y de mi ceguera para arrastrarme a la otra orilla, como una barca sin remos.

Yo soy su instrumento.
Ella, mi voluntad.

No me retengáis, amigos; dejadme regresar a ese olvido.

Ricardo Castillo

De: Cuadernos perdidos (ca. 2022)