Caramelo de limón

Después de esa noche

Uno de mis mejores días,

después de tanto, vería a mi familia.

No recuerdo la última vez que los ví,

pero eso no me quitaba la emoción.

Sonreía a todo el mundo,

muy feliz en mi burbuja.

 

Pero la noche se me vino encima,

una sombra, más grande que yo.

Hace tiempo dejé de tenerle miedo a la noche,

ya no me asustan los monstruos,

pero ese día todo fue diferente. 

Estaba tan cerca mío que oía sus latidos

y sentía su aliento en mi cara.

 

Apareció una serpiente, que se arrastró por mis piernas.

Me dieron un dulce, para que no hablara.

No tenía ninguna herida,

entonces, ¿por qué estoy sangrando?

Mamá, tengo miedo.

 

El monstruo me sonrió, diciendo palabras que no entendía.

Tenía miedo, demasiado miedo,

pero cuando lo atraparon, fui a verlo.

Lo miré a los ojos,

se veía más pequeño que antes,

pero aún tenía miedo.

 

Me disculpo…

porque una parte de mí insiste en que fue mi culpa.

Tal vez fue mi culpa cruzarme en tu camino,

tal vez fue mi culpa haberte provocado,

tal vez fue mi culpa no haber gritado

lo suficiente para que te detuvieras.

 

Salgo de ahí, cargando un peso que no he pedido.

¿Cuándo estas manos dejarán de tocarme?

Nadie entiende, nadie puede verlas.

Nadie las siente, solo yo,

y supongo que tengo que vivir con eso,

porque tal vez, fue mi culpa.