R.

Guerra interna

He aprendido a convivir con esta batalla,

con el silencio que me muerde la lengua

cuando su nombre quiere escaparse

como un incendio inevitable.

He aprendido a callar

aunque su presencia opaque los días

y esta guerra interna me obligue

a no delatarme frente a su belleza.

Quisiera decirle

que sus ojos y su sonrisa

son la combinación exacta

donde mis pensamientos se rinden

y por fin descansan.

Porque verla reír

me transforma,

como quien encuentra agua en el desierto

o un remanso intacto

en medio de la tempestad.

Sus ojos espejos de una belleza avasalladora

han conquistado cada rincón de mi existencia,

como si el mundo hubiese sido creado

solo para que esa armonía fuera posible.

Camino como nefelibata,

flotando entre nubes que no me sostienen,

y aun así, cuando aparece,

todo encuentra su lugar perfecto.

No sé quién ganará esta contienda,

si el miedo o el impulso,

si el silencio o la confesión.

Pero he aprendido a vivir así:

con el corazón en pie de guerra

y el alma

firmando treguas invisibles

cada vez que la veo.