Noches largas,
cuchillo cruel que me abre la carne viva,
mi alma se arranca,
se arranca en jirones de silencio.
Velas agonizan, una a una,
frente a mis ojos sin llanto,
chispas mueren mudas,
sin grito, sin rastro, sin piedad.
Certezas arden,
arden como piel entre mis dedos sin tacto,
solo arden, solo caen.
El yo que fui se desgarra,
hoja seca que arrojo yo misma
al pozo sin fondo, sin eco, sin nombre.
Quedo suspendida,
desnuda hasta el hueso,
en tiniebla que me devora,
mi latido traiciona,
suena ajeno, prestado, falso.
El vacío me traga,
me exhala hecha nada.
No es castigo:
es mi cuna negra,
mi útero de hierro frío.
Me vacío a golpes,
arranco máscaras con uñas rotas,
rompo muletas en astillas,
expulso lo caduco a latigazos
para que quepa lo eterno
en el hueco que sangra.
Duele, duele el viejo nombre,
herida abierta al viento helado,
pero en la grieta sin orillas
algo callado se retuerce,
se hincha,
se gesta con furia sorda.
Hecha ovillo,
no huyo del negro absoluto:
me clavo, me clavo como clavo en madera viva,
me dejo desgarrar
hasta el tuétano del ser.
Cuando la última luz se ahogue-brutal, sin piedad—,
nacerán mis ojos nuevos
en la misma oscuridad:
ojos sin forma que ven,
sin manos que tocan,
sin saber que saben,
ojos que arden
porque ya no temo consumirme.
Y entonces,
en el corazón del vacío que soy,
la primera estrella no llega…
se rompe el cascarón desde dentro
y despierto.
Despierto con miel quemada en la lengua,
vino mejor que todo vino en mis labios,
recuerdo un nombre
que nunca pronuncié
pero siempre fue mío.
Solo despierto…
y el Amado ya no está afuera:
reposa entre mis pechos,
manojito de mirra,
su fruto dulce al paladar,
su sombra me refresca,
su amor me embriaga más que el mosto.
Dulce mi sangre que se vuelve luz,
lecho florido donde todo cesa,
donde todo renace
en abrazo sin fin.
Yo soy suya.
Él es mío.
Y el alma desnuda repite sin voz
Dios,
solo Dios…
Mané Castro Videla
♥️🕊️🌹