Vanidad
En aquel tiempo, un cajón y una rueda, creyéndose amenazados, discutían los favores del Hombre.
—¡Yo soy!
Memoria y sabiduría.
Sin mí, el Hombre sería un proyecto huérfano de sentido
un recuerdo sin etiqueta
una herencia olvidada en cualquier rincón.
El saber transmisible nace de mí;
ordenado, clasificado, meticuloso.
Sólo a mí debe confiar su pasado imprescindible.
—¡Y yo!
La más ingeniosa invención del Hombre.
Gracias a mí avanza,
cruza montes, levanta torres,
muele el grano y anticipa el mañana.
Sin mí, seguiría dando vueltas… y nada más. Soy su futuro ineludible.
Mientras tanto, discutían con solemnidad creciente.
Entonces llegó la tormenta.
Relámpago.
Cenizas.
Silencio.
Y una voz, pausada:
—Perdonad.
No me prestéis atención, sólo estoy de paso.
Soy el Tiempo.