Marie Paule

Vanidad

 

Vanidad 

 

En aquel tiempo, un cajón y una rueda, creyéndose amenazados, discutían los favores del Hombre.

 

—¡Yo soy!

Memoria y sabiduría.

Sin mí, el Hombre sería un proyecto huérfano de sentido

un recuerdo sin etiqueta

una herencia olvidada en cualquier rincón.

El saber transmisible nace de mí;

ordenado, clasificado, meticuloso.

Sólo a mí debe confiar su pasado imprescindible.

 

—¡Y yo!

La más ingeniosa invención del Hombre.

Gracias a mí avanza,

cruza montes, levanta torres,

muele el grano y anticipa el mañana.

Sin mí, seguiría dando vueltas… y nada más. Soy su futuro ineludible.

 

Mientras tanto, discutían con solemnidad creciente.

 

Entonces llegó la tormenta.

 

Relámpago.

Cenizas.

Silencio.

 

Y una voz, pausada:

 

—Perdonad.

No me prestéis atención, sólo estoy de paso.

Soy el Tiempo.