Emilio Barrios

Otoño

El verano se está despidiendo y el otoño está cerca; nada ha cambiado en mi vida, sigo con la misma tristeza a cuestas.
El sol palidece en cada amanecer y las nubes grises van tomando su lugar, haciéndolo caer al atardecer.
La brisa suave pega en mi mejilla advirtiéndome sobre el cambio de clima que se avecina.
Los días pasan rápido y mis recuerdos de aquellos días felices cambian igual que el calendario.
Las hojas secas se van acumulando en el suelo y el sol se ha tomado un descanso en el cielo.
Sentado en el ático con la mirada al horizonte, tomo un sorbo de mi café pensando en lo que pude ser y no lo logré. 
El suave frío penetra mi abrigo y mi piel trata de refugiarse entre mi sangre y mi carne.
Es una estación sin igual, donde la nostalgia se asocia con la soledad, volviéndolo todo un ritual.
El viento mueve las ramas de los árboles que de a poco van quedando calvas como mi cabeza debido a mi edad.
Por las noches, el silencio junto con la calma se vuelven aliadas y las estrellas junto a la luna de vez en cuando muestran sus caras.
En el otoño, los abrazos son refugios, los besos son más cálidos y la ropa huele a la inconfundible naftalina.
No temo el fresco de la estación ni la llovizna eterna del día; solo temo al desamor, las falsas promesas y las mentiras.
El otoño es una estación sin igual; hace que me ponga sentimental, haciendo que cada latido de mi corazón se vuelva un tanto especial.