APRENDÍ A ESTAR EN SILENCIO
Aprendí a estar en silencio cuando el mundo gritaba mi nombre y nadie escuchaba mi alma.
Aprendí a estar en silencio cuando el dolor golpeaba la puerta y no había palabras que lo contuvieran.
Me hice amigo de las noches largas, de las lágrimas calladas, de los pensamientos que pesan como lluvia que no cesa.
Aprendí que el silencio no siempre es vacío, a veces es refugio, a veces es fuerza escondida, a veces es la única manera de no romperme por dentro.
Callé para no herir, callé para no molestar, callé porque sentí que mi tristeza era demasiado ruido para un mundo distraído.
Pero en ese silencio también me encontré, descubrí que aún latiendo despacio, mi corazón seguía vivo.
Y entendí que estar en silencio no es dejar de sentir, es abrazar lo que duele hasta que, poco a poco, aprenda a sanar.