LeoBau

Con respecto a las cosas...

Con respecto a las cosas; que tarde me ha  
parecido el tiempo, y tan temprano  
con estos sentidos que me hielan el cerebro. 

Que tarde, y aun, tan lejano el oriente con su sol, 
los parpado de su otro par, y el labio 
tan distal de su otro labio...   

Apenas a estas horas me pongo a pensar: 
mas allá de mis ojos y sus respectivos parpados; 
mas allá de la acera y su ansioso concreto; 
y más allá de mi cunero tan cercano, tan tarde y aún lejos. 

Y es que me he dejado a mi madre en su recamara, 
tapada, soñolienta... tal vez un poco enojada; 
a mi perro: confinado, ladrando y tal vez un poco solitario... 

Me he dejado la sombrilla en la sala, 
el libro en el escritorio, ¡y el pensamiento tan allá! 
Ahora, que me encuentro tan distante a las cosas,  
que solapo mi cabeza al agitado café; 
y es que, cuánto le cuesta a mi lengua lagrimar,  
cuánto les cuesta a mis ojos bramar, y a mis 
necias palabras echarlas en su andadera. 

Mi madre, que es mitad, y, por lo tanto, pecho y retorno, 
se ha perdido... y no a quien más que a mí, 
se me ha escondido en la ratonera de mi hígado... 
¡Y como no encontrarla para encubrirla 
en los vasos de mi corazón! 

Las costillas se me han desprendido del esternón, 
las cervicales del cuello, y el amor tan raspado 
entre el bulto de su propia carnicería. 

Y, asincerandome, que asco todo aquello, 
con respecto a las cosas.... respecto al gesto tierno, 
al corazón carnívoro y a su sanguínea aguijonada...  
y a estos excretables sentidos, que me anegan de mirar la tarde. 

Y, ¡por Dios!, cuánto cuesta... cuánto cuesta. 
Temprano me he puesto el crucifijo al jorobado lomo.