José Bayón Garcinuño

Treinta de febrero (30/02)

Sé que estás en esta fecha.

Que estos dígitos se trenzan

para hacer verja que te proteja,

que las sombras de los barrotes

se hacen hierros

que nos separan.

 

No recuerdo si tus besos,

me apretaban como cadenas,

o me dolían como un nacer de alas

por la espalda.

 

Tampoco tengo claro,

si la sombra de tus caricias

era oscuridad de celda

o luz sobre la montaña

que me aplastaba

los dedos de las manos.

 

Sé que el resplandor que reflejaban

tus guarismos contra el cielo,

te traducían por la mañana,

al medio día te explicaban,

y de noche te amanecían el alba,

si la Luna te negaba.

 

También sé que no había cábala,

ni alquimia, 

ni conjuro,

ni magia,

ni piedra de toque

que rompiera la luz negra

que te cegaba.

 

No recuerdo si los días

se volvieron tumbas,

y las hojas del calendario

tu mortaja.

 

Sólo sé que no eres

en las demás fechas,

que sólo estás en los treinta

de febrero.

Que para el resto del año,

no te has quedado

ni en una micra de segundo,

ni en una pizca de rato,

ni en un suspiro del aire,

ni en un claro-oscuro

entre el polvo,

al contraluz de tu sombra.

 

Lo único que tengo

de tu recuerdo

es la ausencia, 

que nunca rompe

contra mi nada.