Precioso adorno casero, bello símbolo de la paz.
Al frío del cuarto, que no sea causado por unión,
respondes si deformas tu figura para cesarte.
Cuando tu cuerpo resbala del candelero,
se te escapa la resistencia.
Y horas puedo pasar honrando tu calor,
que tanta falta me hará cuando te hayas ido.
Los dos habremos derramado gota tras gota ante
el abatimiento de un tumulto desesperado.
Llegado el clímax, una triste cera cubre sus alrededores,
para nunca más moverse.