Junto al padre Ebro,
el olor a incienso, difuminado,
purificador del espíritu,
pasea por la Seo de San Salvador,
estremece las cúpulas místicas
y presiente todas las culturas
de esta ciudad milenaria.
D. Lope Ferrench de Luna
veló sus armas,
tomó el baño de la purificación,
prometió fidelidad
a la Orden de Caballería,
Pedro IV lo armó caballero,
lealtad y honor
para el apoyo de un reino,
fue padre de María, reina de Aragón,
abuelo de Martín, rey de Sicilia,
el león que sujetaba
la Luna de plata en campo de gules,
sería la marca de sus espuelas.