Bajo el agua cristalina
que cae de la noche que se acerca,
hay un fuego que persiste
en iluminar los sentidos tristes de los versos,
que, obligados por los espacios melancólicos del olvido,
siembran una voz
en los destinos del silencio.
Viajo con caballos heridos
y mustias notas me acompañan
en los sembradíos del camino agreste
donde mil voces sugieren
un tornado de desencuentros,
mientras el destino se frota las manos,
en una atmósfera de climas distraídos.
Soy un capitán despojado que emerge
acompañado de una sombra irreverente.
En la luz de la palabra que no crece
viajan los perdidos sueños del tiempo…
En los ocasos rotos de los años
un agua azul está regando
el último adiós de mi silencio…