Ricardo Castillo C.

LA LUZ PROHIBIDA

No pedí al destino que abriera esta puerta,
ni rogué al silencio que hablara de ti;
no busqué perderme en tu risa clara,
ni soñé contigo... y ya estás en mí.

No pedí tus ojos, no pedí tu alma,
pero en mi pecho arden sin fin;
eres la llama que rompe mis muros,
eres la tormenta que vino a vivir.

No pedí quererte ni sentir tan hondo,
pero el universo se rió de mí;
me dejó atrapado en tu luz prohibida,
me hizo encontrarte... para sufrir.

Y aunque no pueda, y aunque no deba,
y aunque me duela no ser tu sol,
este amor sin permiso sigue latiendo...
como un misterio en mi corazón.