Qué ingenua fui.
Yo dispuesta a ser secreto,
a cargar culpas que no eran mías,
a enfrentar miradas, familia, mundo…
mientras tú ya sabías
que lo nuestro no era verdad.
Hoy entiendo algo que duele:
no perdí un amor,
perdí una ilusión.
Porque todo fue una mentira
tan bien contada
que me la creí completa.
Me creí tus palabras.
Me creí tus lágrimas.
Me creí que yo era importante.
Me creí que luchabas por nosotras.
Y lo que más me duele
no es que te hayas ido,
es haber entregado la parte más pura de mí
a alguien que no supo sostenerla.
Esa versión mía
que amaba sin miedo,
que esperaba como la loquita del muelle de San Blas,
que rezaba por un futuro contigo…
Esa parte no la merecías.
Hoy no te escribo para volver.
Te escribo para soltar.
Porque el amor que yo ofrecí
era real.
Y si tú fingiste el tuyo,
esa carga ya no es mía.
Yo amé de verdad.
Tú no.
Y aunque me duela aceptarlo,
prefiero ser la que sintió demasiado
que la que nunca sintió nada.
Pero nunca más
volveré a entregar
esa parte de mí
a quien no la valore. 🤍