William26🫶

PIEL BASTA

La piel vasta

 

La vida no se detuvo.

He muerto —lo supe—

cuando el pan siguió dorándose en la mañana

sin registrar mi ausencia.

La calle hizo su ruido habitual:

un perro ladraba a la nada,

un autobús abrió su boca de lata y humo,

alguien compró naranjas

como si el mundo no hubiera perdido

su centro secreto.

Yo esperaba —confieso—

una leve vacilación del aire,

un tartamudeo en la luz,

algo que delatara

la nueva geometría de lo real.

Pero no:

las horas prosiguieron su labor

con la misma presión inexorable.

He muerto,

y la mujer del balcón sacude migas

sobre la cabeza de las palomas.

He muerto,

y un niño patea su destino

contra la pared del mediodía.

He muerto,

y nadie advierte

que falta una respiración en el inventario,

que un nombre ha evaporado

su lugar en el aire.

Así comprendo:

nunca fuimos el eje,

apenas un temblor efímero

en la piel vasta de lo vivo.

Y, sin embargo,

algo de mí persiste —no en la memoria,

ni en la lágrima escasa—,

sino aquí, en esta inercia:

el grifo que gotea sin cesar,

la corriente que fluye

sin saber que puede detenerse.

He muerto.

La vida no.