a Nelly del Rosario
Aquí está atrapado bajo el yugo de la melancolía
Estos versos que descienden como hojas,
Como una palabra colérica que brilla buscando el sol;
Como la tierra busca el cadáver de la noche.
—¿Quién de los dos fue el más herido?—
Le pregunté a la muerte.
—¿Mi corazón que es tan lejano
O la voz de la mentira que se expulsa de mis labios?—
Y entre susurro la muerte recitó:
《En mi piel guardo un tatuaje,
Ese que tu beso me dejó》.
《En mis labios llevo la esperanza
Que tu nombre me regala》.
《En mis manos escribo las tinieblas
De la soledad y dibujo tu ausencia》.
《En la mirada tuya encuentro el lenguaje
Que no todos pueden entender》.
Porque estoy dispuesto a empeñar el invierno
Para conseguir un poco de primavera:
《¡Oh, dulce amargura!
¡Te llevas de mi sangre la locura
De los años juveniles, arrebatas
Los sueños de un niño enamorado
De las luciérnagas!》
《¡Me abandonas en la miseria!
Y me dejas vagando, herido, hastiado,
Sin vida ya, sin un aviso clasificado》.
—¿Qué parece que estoy haciendo?—
Me dijo la muerte con voz profunda.
No le respondí, dejé que cada mañana
Deshojara una rosa hasta llegar al tallo.
Si el tallo todavía conservaba su viveza
Yo arrancaría mi necedad y la desecharía al vacío,
Pero el tallo era seco y la muerte me dio
La oportunidad de crear mariposas en mi vientre.
—¿Qué parece que estoy haciendo?—
Preguntó la muerte nuevamente.
—Estoy dándote un motivo para vivir…
Te he regalado el despertar
Te he regalado frío cuando estás caluroso
Te he regalado calor cuando estás tiritando
¿Por qué no quieres vivir?
—¡Vive, vive, vive!
Porque yo tengo tus ojos.
—Tú me preguntaste ¿Quién de los dos fue el más herido?
Pero nunca te diste cuenta que había un tercer herido.
Ahora sabes que sufro más que tú.