Escribir se puede volver vacío
cuando ya nada coexiste contigo,
pero es ese el mismo sentimiento
el cual le da sentido.
Aunque vivamos en un sinsentido,
yo sigo prefiriendo despertarme
y decir:
\"Gracias, porque aún sigo vivo\".
Aún puedo disfrutar, aún puedo pensar,
aún puedo dudar, aún puedo redactar,
y, sin embargo, aún puedo expirar.
Aun así, sigo viendo el mismo humo
que atormenta el alma de un triste pensar
y se sigue repitiendo en voz alta:
¿Dónde estará la tranquilidad?
Que mi poesía parece suicidar,
pero no es la verdad;
es solo la voz de un razonar
desahogándose con la realidad.
¿Qué cuál es la felicidad?
Respondo que no existe,
que solo hay versos y sonatas de jazz;
fuera de eso, nada me interesa ya.
Aunque me aturdo con facilidad,
quisiera irme lejos, dejando todo atrás,
donde solo exista un lugar
donde esté mi mente y algo para anotar.
Sugiero no intentar entender el espíritu
con el cual escribo pasión y arrebatos;
confórmense con el tiempo,
y lo demás que sea sosiego.
No sé si las páginas perduren;
yo solo escribo lo que deambule,
y si nada deambula, me paseo
por lo que más deleite.
A veces escribo triste,
a veces escribo alegre,
a veces solo escribo,
y solo a veces
es suficiente para existir.
Aún me pregunto:
¿Cuánto pagamos por subsistir,
a pesar de que el regalo fue gratis
y lo utilizan a su berretín?