Carlos Andrey Vargas Araya

Anhelo de tu Presencia


Me fui por los senderos donde el monte se ensombrece,
donde el alma, quebrantada, entre el silencio se adormece;
me alejé como la niebla que el alba no ha disipado...
pero tú ibas caminando, sereno, a mi costado.


¿Cómo huir del manantial que mana dentro del pecho?
Te busqué entre la maleza, en el surco, en el barbecho,
y estabas en el céfiro, en la roca, en la cañada,
sin apagar tu lucero aunque yo cerrara la mirada.


La fe es la simiente que el invierno no perece,
se doblega como el trigal cuando el vendaval la mece,
 hunde más las raíces cuanto más la azota el viento:
es la brasa que persiste aunque el alma marche lento.

Hoy retorno, tierra adentro, con las manos ya surcadas,
sabiendo que mis penumbras no fueron madrugadas
perdidas para siempre.


Eres la raíz más honda que ningún olvido mancilla:
el Amor que guarda encendida la lumbre en la capilla,
el caudal que no se agota, que redime, que es eterno,
el que aguarda siempre, aunque yo me extravíe en invierno.