Este adiós está llegando tarde.
El somos se nos esfuma
toda vez que cerramos los ojos.
No sabemos sostenerlo en vida;
somos, responsables del fin.
El frío manto de la indiferencia
nos cubre, y sus gélidos hilos
se nos incrustan hasta las vértebras,
y aún respiramos
dificultosamente
bajo él.
Somos dos cuerpos
que se buscan hasta el cansancio,
y aun así
la puerta se nos cierra,
dejándonos en compartimentos separados,
a la deriva,
en el mismo barco que se hunde
sin ninguna prisa.
Nos cuidamos de no nombrar el duelo,
y su eco no se disipa
en ese silencio que sigue a la soledad
y que nos atosiga,
como brisa que no llega a ser tempestad
y aun así las olas acrecientan.