El azul del día no es solo color,
es un suspiro extendido en el cielo,
una promesa que nace con el alba
y se derrama suave sobre el suelo.
Es la tinta invisible de los sueños,
la voz callada del amanecer,
un manto limpio que cubre heridas
y enseña al corazón a renacer.
El azul del día no grita,
pero habla en silencio profundo;
se posa en los ojos cansados
y les recuerda la belleza del mundo.
Cuando el sol lo atraviesa,
arde en luz y esperanza;
cuando la tarde lo abraza,
se vuelve nostalgia que danza.
Y al final, cuando la noche lo besa,
no muere… se transforma en estrella.
Porque el azul del día vive eterno
en cada alma que aún cree en ella.