William26🫶

Ese Hueco

Ese hueco

 

Ese hueco que has dejado tan repentino

no tuvo borde ni aviso:

simplemente ocurrió,

como ocurre el silencio

cuando se retira la última palabra

y nadie sabe aún

que era la última.

Nadie está preparado —lo sabemos—,

ni quienes velan,

ni quienes apenas rozaban tu presencia

en la costumbre leve de los días.

Menos cuando el fruto es aún verde

y la rama no había ensayado

la idea de soltarse.

Ayer estabas.

Tu estar se repartía

en lo sencillo:

charla a medio hacer,

gesto de orden mínimo,

esa forma tuya de habitar

sin declarar territorio.

Ayer era una fecha abierta,

con planes apoyados

como tazas en una mesa segura.

Nada en el aire insinuaba

la fractura.

Y sin embargo

hoy hay un hueco.

Un hueco incómodo,

recién hecho en la trama del mundo,

como si alguien hubiera retirado

una pieza esencial

sin consultar al equilibrio.

No es solo lo que falta:

es el desajuste que queda,

la leve inclinación de las horas,

la manera en que las cosas

persisten sin entender.

Tu sitio —ese contorno sin dueño—

permanece intacto

y a la vez inservible,

como una pregunta

que ya no admite respuesta.

Uno entra en las habitaciones

con la precaución de quien pisa

un territorio alterado:

todo está donde estaba

y sin embargo no.

Hay un cambio imperceptible

en la densidad del aire,

en la luz que cae

sobre las superficies conocidas,

en la forma en que el día

se sostiene a sí mismo.

Porque no es vacío:

es presencia desplazada,

materia sin forma

que insiste.

Nadie nos enseñó

la sintaxis de estas pérdidas,

ni el modo de conjugar

un estar en pasado súbito.

Ayer hacías planes.

Esa es la arista más dura:

la continuidad rota

en mitad de su frase.

Quedaron intenciones suspendidas,

pequeños futuros domésticos

que ya no encontrarán

quien los reclame.

Y uno queda aquí,

aprendiendo la nueva geografía:

rodear lo ausente,

respirar sin atravesarlo,

dejar que exista

sin exigirle sentido.

Porque al principio

todo intento de comprensión

es una violencia más:

querer cerrar lo que aún sangra,

explicar lo que aún duele.

Es reciente,

tibio todavía,

como si conservara

la temperatura de tu estar.

Y así permanece:

sin explicación,

sin consuelo suficiente,

abierto en medio de lo cotidiano

como una interrupción

que no concluye.

Tal vez un día

su contorno se vuelva memoria

y ya no arda

cada vez que lo rozamos.

Pero hoy no.

Hoy es exacto:

tu forma ausente

en la continuidad del mundo.

Y nadie —nadie—

estaba preparado

para aprender

tan de pronto

su peso.

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NOTA: 

         Escribí este poema durante el velatorio de una amiga cercana, tras la llamada inesperada que anunció su muerte al amanecer. La noticia, súbita y sin antesala, dejó en mí una sensación de desajuste difícil de nombrar: la experiencia concreta de un hueco abierto en lo cotidiano.

El texto nace de ese impacto inmediato, de la incredulidad y del extrañamiento que sobrevienen cuando alguien que estaba —simplemente estaba— deja de estar sin transición. No intenta consolar ni explicar; solo registrar, con la mayor fidelidad posible, la forma en que la ausencia reciente altera la percepción del mundo, del tiempo y de los espacios compartidos.

Más que una elegía, es la constatación de una ruptura en la continuidad: la presencia desplazada de quien hasta ayer habitaba lo sencillo.