Soy un hombre imperfecto, de barro y de desvelo,
con grietas en el pulso, con dudas en la fe;
yo persigo alguna luz que a veces no se ve,
y cargo viejos sueños heridos en su vuelo.
Me tienta el desaliento, me vence el torpe anhelo,
más vuelvo a levantar esta voz contra el porqué;
si caigo, el polvo sabe mi nombre y para qué
renace mi esperanza, sembrada sobre el suelo.
No tengo la pureza del mármol invencible,
ni el frío resplandor de un héroe sin caída;
soy frágil, pero ardo con la terquedad visible.
Y en cada error encuentro materia de la vida:
ser un hombre es avanzar, humano y susceptible,
imperfecto, más digno de amar la luz perdida.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026