José Francisco De Aquino Avendaño

CENIZAS DEL SILENCIO

CENIZAS DEL SILENCIO 

 

Se apaga la luz que en tus ojos vivía,

el eco del nombre se quiebra en la boca,

la fe que en mi pecho con fuerza crecía

hoy choca en el hielo de tu alma de roca.

No queda del fuego ni una sola huella,

solo este vacío que invade mi suerte;

se ha muerto en el cielo mi única estrella

y el aire que aspiro me sabe a la muerte.

 

Juraste un camino de auroras eternas,

promesas talladas en oro y en seda,

pero hoy son oscuras y frías cavernas

donde solo el miedo y el daño se hospeda.

¡Qué amarga es la vida si el sueño se rompe!,

qué lento es el tiempo con el alma agotada,

no hay voz en el mundo que ya me conforte

mientras mi esperanza se queda derrotada.

 

Miro mis manos, están tan vacías,

buscando la sombra de lo que no existe,

se han vuelto desierto mis noches y días

en este paisaje tan gris y tan triste.

Me duele el recuerdo, me duele el latido,

me duele saber que no fuiste verdad;

soy solo el harapo de un hombre vencido

que habita el palacio de la soledad.

 

Las lágrimas caen sin orden ni calma,

quemando los surcos de un rostro cansado,

son ríos de sangre que brotan del alma

por todo el amor que dejaste enterrado.

No lloro por verte partir de mi lado,

ni lloro por rabia, ni lloro por hiel;

lloro por todo el tiempo entregado

a un espejismo que no fue fiel.

 

¿A dónde se marchan los besos perdidos?,

¿en qué cementerio descansa el \"te quiero\"?

Hoy somos dos cuerpos al fin divididos,

yo soy el olvido y tú el carcelero.

Mi pecho es un hueco de sombra y de frío,

un templo en ruinas, un barco encallado;

no existe en la tierra mayor desvarío

que amar con el alma lo que nos ha odiado.

 

Que caiga el olvido, que el polvo me cubra,

que nadie pregunte por qué estoy llorando,

no hay luz en la tierra que ya me descubra

ni Dios que comprenda qué estoy esperando.

Me hundo en el lodo de mi propio llanto,

la desilusión es mi cruz y mi ley;

se acaba la música, cesa el encanto...

y muero en silencio, sin norte y sin rey.

 

-Akino.