Línea Gris

El Desfile de los Amantes de Papel

(Un pueblo pequeño. Casas de colores. Calles empedradas. Amanecer. Una mujer mayor abre su ventana y se queda helada)

 

MUJER MAYOR:

¡Jesús! ¡Mariano, ven!

 

(Su marido se asoma. En la ventana, una silueta de papel. Dos figuras recortadas. Una es ella. La otra... no es él)

 

MARIANO:

¿Ese no es... el carnicero?

 

MUJER MAYOR:

(Pálida)

Yo nunca... yo jamás...

 

(En la casa de enfrente, gritos. En la de al lado, llantos. En todas las ventanas, siluetas. Parejas. Algunas son reales. La mayoría, no)

 

(Una joven pareja. Ella, veinticinco. Él, veintisiete. Recién casados. En su ventana, dos siluetas. Ella con un desconocido. Él con la hermana de ella)

 

ELLA:

¿Mi hermana? ¿TÚ y mi hermana?

 

ÉL:

¡Es mentira! ¡Es papel! ¡No significa nada!

 

ELLA:

¿Y por qué tiemblas?

 

ÉL:

¡Porque hace frío!

 

(Ella corre a quitar la silueta. Él la detiene)

 

ÉL:

¡No! La vecina dijo que si las quitas...

 

ELLA:

¿Que si las quitas qué?

 

(Suena el teléfono. Ella contesta. Escucha. Su rostro cambia. Cuelga)

 

ELLA:

Mi hermana. En la ducha. El agua... el agua hirviendo. Alguien manipuló el calentador. Está en el hospital. Quemaduras de tercer grado.

 

ÉL:

(Mira la silueta. Él y la hermana. Abrazados)

No... no puede ser...

 

(Una tienda. El carnicero, un hombre grande y callado, mira su ventana. Está solo. Su silueta es con la mujer mayor de la primera escena)

 

CARNICERO (susurrando):

Doña Elvira... siempre me saludaba. Siempre me sonreía. Yo nunca...

 

(Alguien entra. Es el marido de doña Elvira. Trae un cuchillo de carnicero. El suyo)

 

MARIANO:

Pon las manos donde las vea.

 

CARNICERO:

Don Mariano, yo no hice nada. Es papel. Sólo papel.

 

MARIANO:

Doña Elvira está en casa. Llorando. Por tu culpa. Porque todo el pueblo cree que hay algo entre ustedes.

 

CARNICERO:

Pero no lo hay!

 

MARIANO:

Lo habrá. Porque yo mismo voy a hacerlo real. Te voy a cortar el corazón. Y se lo llevaré. Para que la silueta deje de ser mentira.

 

(Avanza. El carnicero retrocede. Tropieza con un gancho. Cae. El cuchillo de Mariano brilla)

 

(La plaza del pueblo. Mediodía. Todos han quitado sus siluetas. Todos menos una anciana)

 

ANCIANA:

Yo sí la dejo. Miren.

 

(Su ventana muestra dos siluetas. Ella y su esposo. Muerto hace diez años)

 

ANCIANA:

Éste fue mi verdadero amor. El único. Que pongan lo que quieran. A mí no me engañan.

 

(Nadie le hace daño. Nadie sufre. Su silueta es la única que sonríe)

 

(Noche. La pareja joven está en el hospital. La hermana, vendada, apenas puede hablar)

 

HERMANA (susurrando):

Lo siento. Debí decírtelo. Hubo una noche... una noche que él vino a verme. Borracho. Diciendo que tú no lo entendías. Yo... yo lo dejé pasar. Sólo una vez. Lo siento.

 

ELLA:

(Mirando a su marido, que llora en una esquina)

La silueta... la silueta decía la verdad.

 

ÉL:

¡Fue una noche! ¡Una! Te quiero a ti. Sólo a ti.

 

ELLA:

Pero la silueta no miente. Y ahora ella... mi hermana... está así por tu culpa.

 

ÉL:

¡Yo no toqué el calentador!

 

ELLA:

No hizo falta. La silueta lo hizo por ti.

 

(Medianoche. Todas las ventanas están vacías. Todos han quitado sus siluetas. Todos han sufrido accidentes. Todos menos la anciana. En la plaza, las siluetas arrancadas vuelan. Forman una figura gigante. Dos amantes. Se abrazan. Se ríen. Y señalan las casas)

 

VOZ DE LAS SILUETAS (susurro de papel):

Diez. Diez de febrero. Quedan cuatro días para el amor verdadero. O para la verdad del amor. Que no es lo mismo.

 

(Alguien mira por una ventana. No hay silueta. Pero en el cristal, su reflejo no está solo. Alguien más lo abraza. Alguien que no debería estar ahí. Alguien que quizás sí es su verdadero amor. O su peor secreto)