La noche no es oscura,
solo guarda secretos en su piel.
Viste de sombras el silencio
y susurra verdades que el día no puede ver.
Cuando el sol cae rendido
y el mundo baja la voz,
ella despierta suave y lenta
como un pensamiento profundo en el corazón.
La luna dibuja su sonrisa
sobre el rostro callado del cielo,
y las estrellas, cómplices brillantes,
la acompañan en su eterno desvelo.
En su abrazo caben los que lloran,
los que sueñan, los que quieren huir.
La noche no juzga heridas,
solo enseña al alma a resistir.
Porque en la oscuridad más honda
nace la chispa más fiel:
una esperanza pequeña y valiente
que aprende a brillar sin temer.
La sonrisa de la noche
no se ve, se siente al mirar,
cuando el miedo se vuelve fuerza
y el silencio comienza a hablar.