El dedo desliza, la luz nos consume,
en el ocio herido que el alma resume,
más no es tiempo ganado, es vida vertida
en pozos de sombra, en fe sin medida.
Un código frío decide el destino,
traza la ruta, despeja el camino;
no busca verdades, busca el estallido,
el grito que vende, el odio encendido.
Si el pecho se inflama y el pulso se acelera,
el algoritmo ha ganado la espera.
Vivimos en burbujas de eco constante,
donde el \"otro\" es sombra, un ser distante.
Nadie me reta, nadie me inquieta,
la propia mentira se vuelve completa,
sin puentes ni manos, solo muros altos,
deshumanizamos con ciegos asaltos.
Miramos la máscara, el filtro, el destello,
creyendo que el mundo es siempre así de bello,
y en esa carencia, en esa orfandad,
brotan la rabia y la hostilidad.
¡Quien sufre en silencio su propia derrota,
golpea el teclado hasta que el odio brota.!
Detrás del perfil, del nombre inventado,
el lobo libera su instinto guardado,
sin ojos que miren, sin piel que responda,
la herida es un juego, la ofensa es muy honda.
¡Crueldad de pantalla, veneno sutil:
hacer de la furia nuestro estilo de perfil.!
¡La tecnología no es mala por definición, pero el diseño actual parece explotar nuestras debilidades evolutivas para mantenernos pegados a la pantalla!