Un lugar horrible. Tintes rojos y negros fuera de la bombilla. Un enfermo padre maestro de la vida atado de pies y manos a una silla. Tiene gafas negras redondas. Está sentado, con la cabeza abierta, se le ve el cerebro, y tiene una sonrisa macabra mientras aprieta los dientes, los cuales tienen un pequeño puente. Aguanta. Se sacrifica. Soporta el dolor como demuestran sus uñas incrustadas en la madera. El padre tiene ríos de sangre que nacen de su cabeza. Y su hijo, detrás de él, y en macabro acto de amor está gritando de alegría con la boca cubierta de \"sangre\" como ocurre con sus extendidos brazos.
¡Más! ¡Necesito más!—dijo el hijo mientras devoraba a su padre, con dolor, pero con consciencia de que debía superarlo.