Carlos Rojas Sifuentes

Vida

He de servirme un poco de miel, esta noche
de lluvia fría y detrimento en el plano carnal,
que del espiritual ando bien, desde que las dudas
vertieron inseguridades sobre las hojas del libro
que me ha venido engullendo, cada cuando
se lo permitieron mis temores, sin que sus letras
me sepan a poco o mas bien no me sepan a nada.
Agota ser humano, por lo de no ser solo una cosa,
aunque hay por ahí más de uno que quisiera
hacer de nosotros solo esa cosa que lo contenta.
Nada somos si no despertamos con el sol,
yendo tras la mañana, antes que se agote,
dejando que no muera la tarde y haciendo que
la noche sea larga para que el sueño sea corto.
Y durante las horas del día haber vivido todas
las vidas que nos sean posibles, incluso la nuestra.
He de marchar lejos si lo amerita el silencio
que no me permite reunirme conmigo mismo.
Más de una afrenta es no poder reconocerme
en el resto de la gente, sin que ello me importe
realmente, y no con ánimo de tentar al desatino,
sino ver un destino donde los ojos ven sufrimiento,
poesía donde los demás atisban inútiles fragmentos
de una vida llevada hasta los extremos, como hoy
que se me han subido los caminos a la cumbre,
la marea sobre la indiferencia, regurgitando ideas,
como ausencias que no quieren ser vistas.
Solo es no llorar, reírse de la vida, aunque no sea
motivo de felicidad andar sin nombre por el mundo.
No ese que te han puesto al nacer, sino aquel
que tu te impones como una búsqueda constate
para hallarte en medio de la gente o fuera de ella.
Las palabras reúnen muchas cosas inertes,
y le dan vida, y la vida no siempre es lo que ves.
Hay vida más allá de la vida… y luego no hay más.