Me siento como la televisión de tu habitación, en el mismo lugar de siempre, olvidada bajo el polvo. Aquella que estorba, nadie la mira, nunca; ya ni siquiera saben si aún funciona, porque nadie intenta encenderla.
¿Algún día voltearás a verla de nuevo?
¿Algún día dejará de ser solo un objeto en la esquina?
Y si por un milagro encendiera, solo habría estática, sin canales, un ruido inentendible, inútil.
Creo que seguirá ahí, ocupando un lugar que nadie quiere, siendo parte de lo cotidiano, de lo que nadie nota.