Nathanael Gellibert.

Ella.

Un rumor de luna nueva
reverdece sus mejillas,
y se marca y nunca cesa
el arpegio de mis días.

Sobrevuela su cabeza
un rosal de luz sombría
y las flores de una cueva
entretejen farolillas.

Un umbral de inmensa pena
ensombrece sus pupilas,
que florecen de las copas
de su rostro que marchita.

De su rostro que marchita
se rocían las corolas,
de su tez descolorida
se reaniman armonías.
Del amor de sus verbenas
llueve sangre, llueve tinta.
Del calor de sus sonrisas
vive el aire de mis días.

Llueve carne, llueve sangre
del aliento de mis huesos.
Se reparten entre risas
sus cadáveres los cuervos.