¡OH VIDA ES ESTA!
Wcelogan
Oh vida es esta,
a veces azarosa,
a veces llena de gozo,
pero nunca poca cosa.
Porque hasta en lo mínimo
se te siente el tamaño:
en la semilla que no promete
y aun así se abre paso
sin saber de discursos.
Yo te he visto, vida,
en lo que no luce:
en la uña negra del jornalero,
en la piedra que estorba el arado,
en el agua escasa
que igual se reparte.
No sos la fiesta
que cuentan los calendarios,
ni la desgracia
que exageran los lamentos.
Sos más bien
esa terquedad de existir
que no se anuncia
ni se justifica,
que simplemente sigue.
A veces te me venís encima
como verano sin nube,
y todo arde:
la piel,
la paciencia,
las ganas.
Y otras, en cambio,
te volvés tan leve
que apenas si se nota
que estoy vivo:
un aire tibio en la tarde,
un pensamiento sin ruido,
la quietud mansa
de un buey rumiando bajo el yagual.
Ahí entiendo, vida,
tu manera de ser grande:
no en lo alto,
sino en lo hondo.
Porque grande no es
lo que grita su nombre,
sino lo que permanece
aunque nadie lo mire.
Vos sos eso:
lo que queda
cuando el día se desarma
y uno se sienta
en el borde del cansancio
sin ganas de hablar.
Sos el pulso
que sigue
aunque todo parezca detenido.
Y también sos
lo que cambia sin aviso:
la cara que envejece
mientras uno la usa,
la fe que se gasta como vela
y renace humeante, distinta,
el amor que no alcanza
y sin embargo alcanza.
Oh vida,
no sos justa
ni falta que hace.
Tu grandeza
no está en dar,
sino en seguir dando
incluso cuando quitás.
Porque hasta en la pérdida
dejás algo:
un hueco
donde aprende a respirar
lo que queda.
Yo ya no te pido
que seas buena.
Me basta
con que seas.
Con esta obstinación tuya
de brotar
en cualquier parte:
en la rajadura del adobe,
en el surco mal hecho,
en el pecho cansado
de cualquiera.
Oh vida es esta,
despareja,
inconclusa,
a ratos dura de tragar.
Pero vasta.
Más vasta
que todo lo que digo,
más honda
que todo lo que entiendo.
Y aquí sigo,
sin saber del todo
qué sos,
pero sintiéndote
grande
como silencio lleno de todo.