simplemente el

Remera verde

 

 

Era el amor antes del amor.

La sensación de que ya lo amabas incluso antes de saber su nombre.

 

Lo amaba incluso antes de conocerlo.

Antes de tocarlo.

Antes de escucharlo.

Antes de ese primer beso.

Éramos casi unos niños hace tantos años atrás…

y sin embargo yo ya lo sentía mío.

Lo veo arriba, en la tarima.

La remera verde pegada al cuerpo.

Y lo reconocí.

Como si mi alma lo hubiera estado esperando desde siempre.

Como si hubiera pasado vidas buscándolo sin saberlo.

Lo miré… y no pensé 

Lo senti

“Es él.”

Lo amaba antes de saber quién era.

Antes de que se acercara.

Antes de que el tiempo se desarmara alrededor nuestro.

Y cuando estuvo frente a mí, cuando sentí la humedad de su remera, su olor, el calor de su piel… el primer beso no fue un comienzo.

Fue un reencuentro.

Éramos casi unos niños.

Y aun así lo sentí tan profundo, tan definitivo, que todavía hoy —después de tantos años— cierro los ojos y vuelvo a esa imagen.

La tarima.

La remera verde.

Y ese amor inexplicable que ya estaba ahí antes de que existiera la historia.