El viejo del bastón parece sucumbir
y junto a él, el hocico del perro
tiene unos anillos flojos.
El arenal muerde sus pies
en el panorama grisáceo.
No tengo un solo estribillo fuerte
ni uno liquida al otro;
me gusta que se borden por el genio
como la mucha lenga que arrumé.
La alegría de los que amo
es un consuelo cuando me hallo solo en ese mismo sendero inhabitado.
¡Oh, mi Cristo tardas...!
Cristian Jovani
(Derechos reservados del autor).