MIGUEL CARLOS VILLAR

Deleite

 

Deleite

Contemplando cuán elegantes nubes,
embelesado,
me pierdo en el celeste.

Tu silueta se desvanece
para volver,
renacida,
en su más bello esplendor.

Una eólica sinfonía
tañe las copas
de milenarias encinas:
orfeón secreto
para mi imaginación exaltada.

Imposible inaugurar
tan antojadizos retratos.

Y el pintor,
suspendido en la luz,
tampoco desea concluir la obra.